EL ESTRÉS

El estrés es una emoción natural y no sólo existe en los seres humanos. Se produce por una experiencia en la cual las demandas sobre un organismo exceden su capacidad natural de autorregularse.

Generalmente, todo organismo trabaja duro para mantener un equilibrio, pero estímulos procedentes del entorno o del propio organismo pueden perturbar dicho equilibrio.

El estrés no siempre es malo, muchas veces ese estrés se experimenta como mariposas en el estómago o sudor en las palmas de las manos en un discurso, antes de una reunión de trabajo, una llamada telefónica o una presentación importante.

Poseemos el equipo mental básico para manejar el estrés. Pero necesitamos aprender cómo usarlo para prevenir, o al menos mitigar, los problemas que surgen cuando nos enfrentamos a demasiado estrés.

Los síntomas fisiológicos se manifiestan durante un corto periodo de tiempo en nuestro cuerpo, y posteriormente, cuando se alcanza el objetivo, desaparecen.

Cuando una persona siente estrés se pone en marcha toda una maquinaria biológica empezando por la liberación de una señal en el cerebro que activa el sistema nervioso simpático, que actúa constriñendo los vasos sanguíneos. También se activan las glándulas sudoríparas, se dilatan las pupilas, aumenta el ritmo cardíaco y la fuerza de contracción del corazón.

La otra cara de la moneda es que demasiado estrés, y sobre todo el estrés crónico, puede ser perjudicial tanto para nuestro rendimiento a corto plazo como para nuestra salud a largo plazo.

La clave es ser capaces de manejarlo para así fortalecer nuestra capacidad de adaptación a la al mundo en que vivimos.

Nuestros pensamientos pueden activar el sistema nervioso simpático e iniciar una cascada de reacciones.

El estrés mal manejado limita la flexibilidad mental y la capacidad para ver soluciones alternativas.

Para tener un cerebro sano es necesario mantener una buena salud de todo el cuerpo.

Come bien.
Evita hidratos y azúcares. Toma frutas y vegetales, tienen fibra, azúcares de absorción lenta, aumentan la serotonina del cerebro que regula las emociones.

Cuida el sueño.
Practica hábitos que te ayuden a relajarte antes de ir a dormir.

Muévete.
El ejercicios físico tiene un efecto analgésico, causa sensación de bienestar, favorece el sueño reparador y aleja el estrés.

Respira hondo.
Toma aire lenta y largamente por la nariz, contén la respiración unos segundos y luego exhala lentamente por la nariz.

Medita.
Aprende a meditar y hazlo con regularidad. La meditación puede ayudar a compensar o prevenir algunos cambios que tienen lugar en el cerebro con la edad.

Socializa.
Habla con un ser querido, cultiva las redes sociales de amigos, familiares e incluso mascotas, porque ayuda a fomentar la confianza, el apoyo y la relajación.

Piensa en positivo.
Mantener una actitud positiva revierte muchos efectos del estrés y promueve la salud cerebral.

¿Qué motivos te llevan a ti al estrés?